Odio hacer regalos. Sí, lo odio. Pónmelo en bandeja, apúntame con una flecha a lo que te gusta en la tienda y te lo compraré. Te haré feliz. Pero, por piedad, no me hagas que piense qué regalarte.
Este año, como todos, me encuentro en la tesitura de hacer un regalo a Doña Esposa. Y claro, pensaréis enfermillos que no es tan difícil.
¡Claro que no es difícil! Regálale un perfume o una joya, me decía ayer una amiga.. Lo que pasa es que ése es un buen consejo cuando tu situación económica te lo permite. Pero cuando no es así… ¿qué regalar?
Si el regalo se lo tienes que hacer a un tío, no hay problema. Le regales lo que le regales se va a dar por pagao. Tú regálale a un tío un bolígrafo de esos que le das la vuelta y se le cae el bikini a la tía que tiene impresa, y flipará en colores. Regálale cualquier chorrada, una camiseta, unos calzoncillos de Homer Simpson, un DVD de 5,95… y será feliz.
Pero, contentar a una mujer, queridos amigos, eso es harina de otro costal. En primer lugar, porque el regalo debe ser exponencialmente más caro y valioso que el último que le regalaste. Esto funciona como una cadena de favores… ¡¡que no decaiga!!
Luego además debe gustarle. Eso no es tan difícil… ¿o sí? Si tú a un tío le regalas un fraco de colonia Varón Dandy, y ni le gusta, siempre lo puede usar como ambientador para el coche, o guardarlo en un cajón y olvidarse. La mujer, no. Ella siempre te mirará con odio porque le regalaste la colonia barata del Currufúl, o porque “debiendo conocer sus gustos” no acertaste.
En ropa ni te metas: ¡¡camisas de once varas no, por favor!! Siempre está el tema de los colores, las formas y las tallas. Si es azul, porque es azul. Si es verde, porque es verde. Si está escotado, porque está escotado. Si no enseña chicha, porque no enseña chicha. Si es una talla más que si la ves gorda, si es una talla menos que si ya no te fijas en ella porque está gorda…
Y las joyas… jajajaja… y otra vez ja. Si es ostentosa, que dónde va ella a ponerse eso. Si no lo es, que por qué le compras una baratija de los chinos. Si es cara, que no tenías que haber gastado tanto. Si consideras que es bonita y que le sentará bien, que le hace parecer una vieja.
En fin, odio hacer regalos, en Navidad o en cualquier otra época del año. Tengo poca imaginación, lo confieso. Pero no por ello dejo de acertar con los que hago… ¿o sí?