Es triste que leas un blog, y hagas un comentario. Y no sea ofensivo. Ni mucho menos. Más bien, gracioso. O jocoso. Como quieras verlo. Pero en cualquier caso, un comentario simple y llanamente “sin ánimo de ofender”.
Es triste que vuelvas al cabo de un tiempo sobre ese comentario para ver qué mas ha escrito la gente… y veas que el tuyo lo han borrado.
Obviamente, por mucho que leyeras a diario a dicho individuo blogger, automáticamente lo borras de tu lector de feeds.
Por muy azul que sea. Tanto él como tú. ¿Hablamos de netiquette? En fin, quizá para algunos, y parafraseando unas palabras del Capitán Barbosa “El código en realidad son una serie de recomendaciones...”





