Ya debería estar de vuelta de todo, creo que a estas alturas de la película nada me debería asustar, o cuanto menos sorprender. Pero esta tarde, con motivo de la inminente mudanza, en un inusual momento de asueto, se me ha ocurrido hablar con mi jefe de la disposición de la oficina, las mesas, regatas para cables, conexiones a realizar, enchufes y demás…
Y le he preguntado, como quien no quiere la cosa, acerca de quién hizo la instalación informática de la actual oficina. Ante la inquietante, pero segura y firme respuesta de “¿Quién va a ser? Pues yo“, le he mostrado mi sorpresa al decirle que no sabía que supiera utilizar una crimpadora, y desde luego, para un neófito imberbe, negado y nulo de la informática, no es tan fácil como parece corrugar una conexión RJ-45, y mucho menos siendo alguien que ha confesado no saber comprar por internet ni hacer una transferencia para pagar a sus empleados…
¡¡Dios, sé que pagarías, enfermillos míos, por ver la cara de póquer que ha puesto!! “¿¿Una qué has dicho?? Yo me fui al Media Markt y les pedí 25 metros de cable y listos… y lo que sobró, pos lo enrollé por ahí por donde estás tú… si eso se hace en diez minutos”.
El resultado, obvio y descrito con crudeza: cables por el suelo, pegados con cinta adhesiva al parqué para que “no se muevan”, y un bonito rollo de unos (calculo) 10 metros junto a mi ordenador. Pero no me he atrevido a continuar la conversación y preguntarle cómo los puso en red. No quiero tener pesadillas esta noche, y todas las noches hasta que me toque afrontar el traslado…





