Quiero hacer públicos y notorios dos datos, que a mi juicio, harán justicia una vez conocidos por todos vosotros, enfermillos, acerca de algunas de las condiciones de mi salida de Telefónica.
El primero de ellos, el control del stock que teníamos en el CAIGV. El ínclito -léase comercial- que jugó a ver quién la tenía más grande delante de uno de mis jefes ¿funcionales?- me espetó que no era capaz de controlar un stock de apenas unos 1.000 € de nada. Hoy por hoy controlo un stock de 60.000 €, que en las próximas semanas se va a ver prácticamente duplicado, con una pulcritud y exactitud que asusta.
El segundo de ellos, caballo de batalla con la Generalitat Valenciana allá donde los haya, es el gran misterio de quién hacía la lista de precios de los terminales que se le facilitaba. En Telefónica era un misterio. En mi empresa, soy yo quien transparentemente gestiona esos precios.
Dios, qué ganas tengo de ser malo. Dixit.
Espero que lo leas, ínclito. Y comiences a llorar cuando descubras cosas que yo ya sé que van a pasar con tu cliente y que tú ignoras de manera manifiesta… porque te van a afectar y mucho. Y llorarás porque no me tendrás. Porque no tienes ni idea de qué trabajador has dejado escapar… mira que has sido poco previsor al morder la mano que te daba de comer.
Sí, soy rencorosillo. Feliz y rencorosillo. Jejejeje…








