
Quizá resulte casi paradójico que en estos días tan tristes que me está tocando vivir hable de un tema así… pero es que debo reconocer que “me lo pide el cuerpo“.
A pesar de los pesares, durante estos días, estas últimas horas podría decirse, me encuentro particularmente feliz y radiante. Mi vida está empezando a dar un cambio, el cambio que durante tantos años deseé.
Podría decirse que este es mi estado de felicidad 3.0, puesto que en apenas un año -de hecho todavía no lo hace- he pasado por tres trabajos (sí, sí, por tres: salí de Telefónica, entré en Silcar Import y ahora estoy aquí), y en este estoy definitivamente decidido a quedarme hasta cobrar la jubilación.
Trabajar en una redacción digital, teniendo en cuenta mi afinidad histórica, frustrada e innata por el mundo del periodismo, es ya de por sí un motivo de alegría. Pero haber encontrado a un equipo que me ha acogido tan tremendamente bien, con cariño, compañerismo y apoyo, ha sido un aliento todavía mayor. Además, se me deja ver, tocar y experimentar… ¡¿qué más puede pedir un culo inquieto como yo?!
Existen varios proyectos en mi vida office aside que muy probablemente están destinados a quedar aparcados, si no abandonados. Proyectos que probablemente hasta hace bien poco tenía en mente continuar o desarrollar, bien por motivos económicos, o bien por motivos más altruístas… Simple y llanamente porque después de perder a mi abuela, he empezado a ser definitivamente consciente de qué cosas son importantes en la vida y qué cosas pueden esperar.
La felicidad se presenta de las formas más insospechadas, y hay que tomarla con las ansias del sediento: no se puede ni se debe desaprovechar ni una sola gotita… porque luego ya no vuelve.
Sed felices, mis queridos enfermillos.
Escuchando | East of the Sun (and west of the Moon) - Diana Krall
PD.: no, efectivamente, no he dicho en qué medio estoy trabajando. Todo a su tiempo.


