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Maldito parné…

Reconstrucción de los hechos

Pues como en la copla, pero sin que llegue la sangre al río. Una de las discusiones más frecuentes entre las parejas viene siempre motivada por el dinero. Y quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Dinero y confianza son dos conceptos que en el diccionario no son sinónimos, ni mucho menos. Pongamos un ejemplo. Yo tengo un amigo que tiene un amigo… que mi amigo resulta que saca por ejemplo 40 euros del cajero. Y tiene que gastarlos. ¿En qué cosas? Bueno, mi amigo no es derrochador -algún que otro café no es pecado- así que gasta el dinero en las cosas que es necesario comprar, o en las que su mujer le indica que gaste el dinero. De repente, días después, cuando mi amigo se ha gastado el dinero en lo que debe, euro arriba, euro abajo, su mujer de repente le pregunta “¿En qué te has gastado los 40 euros?”.

Pregunta fatal, porque mi amigo resulta que, como ya he dicho, es un chico responsable, y no va apuntando en un libro de balances el debe y el haber de su poco abultada cartera. Pero no es la primera vez que su mujer lo pregunta. Desde que se conocen, ha sido así -y la cosa no tiene visos de cambiar. Y de repente mi amigo se siente otra vez más contra las cuerdas. Sí, porque aunque haya gastado todo el dinero, hasta el último céntimo, en las cosas que su mujer le ha dicho, no retiene el concepto en el que lo ha gastado… porque no hay necesidad. Si se fuera de putas o se gastara el dinero en cervezotas, pues igual… pero no es el caso. Simplemente, llega a casa y le dice a su mujer “Cielo, me he gastado tanto”, o “Cuchi cuchi, he comprado nosequé”… nada más… y luego se olvida. Y claro, luego hay bronca.

¿Memoria de grillo? -diréis. Pues va a ser que no. Porque después de decirse de qué se tiene que morir cada uno, resulta que mi amigo coge la calculadora y empieza a hacer un ejercicio mental de en qué ha invertido su dinero durante los últimos días. Vaya por dios… ¡¡pero si todo cuadra!! Entonces, se dirige a su mujer y le dice “Mira, lista: me he gastao tanto en esto, tanto en aquello, tanto en lo de más allá… aquí tienes en qué me he gastado el dinero”.

Pero la mujer, ejemplar curioso donde las haya, lejos de reconocer que han metido la pata hasta el garrón, henchida de orgullo, le recrimina a mi amigo “que hace diez minutos no sabías en qué te lo habías gastado” y que “tienes que saber en qué te gastas hasta la última peseta”. Vaya por dios. Y se queda tan ancha.

Sólo haré un comentario machista, retrógrado e insultante para defender la pateada dignidad de mi amigo -pero como es mi blog, pues lo hago… Como le dijo el llauraor al burro: “Qui no et conega, que et compre”. Dixit.

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