
Aparte de las obviedades, como que tu primer beso con lengua supone un 8 sobre 10 en tu escala de la felicidad, hoy mis queridos enfermillos está lloviendo.
Esto no es novedad a lo largo de esta semana. Estamos pasando -o hemos pasado, según los meteorólogos, por un buen temporal de frío, nieve, viento y lluvia. Pero esta mañana, bien tempranito, me ha dado por pensar.
Hoy tengo que desplazarme hasta la otra parte del río, y lo haré andando ante la imposibilidad de aparcar allí a una distancia razonable (me queda más cerca dejar el coche donde está ahora); y me he puesto mis zapatos “grandes”. No es que sean de payaso, qué va, sino que tienen mucha suela. Pero tienen un “pequeño gran defecto”, y es que resbalan mucho.
Diréis, “¿por qué te los has puesto entonces, gañán?” Pues muy sencillo, porque hoy tenía que ir “arregladito”, vosotros ya sabéis: afeitado, limpio, bien vestido -elegante pero informal… Y cuando caminaba muy despacito bajo mi paraguas y embutido en mi abrigo, me he dado cuenta de una cosa, y es que la acera resbalaba… en cambio, al cruzar la calle y caminar sobre el asfalto aparentemente igual de mojado, era todo lo contrario. El material asfáltico que tapiza de gris negruzco nuestras ciudades, desaloja tal cantidad de agua que permite la adherencia de los neumáticos… y lo que no son neumáticos.
Obvio, diréis. Pero no tanto. Y he aquí mi duda existencial de la mañana: si cuando camino por la calzada mis zapatos no resbalan, ¿qué les cuesta hacer del mismo material las aceras?
Puede parecer una chorrada, pero cuando has sufrido dos luxaciones y otros dos episodios de subluxación en un hombro, el hecho de pisar con seguridad doquiera que vayas puede evitar que tengas una incómoda sensación de inseguridad en algo tan natural para cualquiera como el caminar.
Lanzo mi duda al aire, a ver si alguno de estos iluminados de Ingeniería de Caminos, o quienquiera que sea que hace estas cosas, piensa dos minutos en lo dicho.






0 comentarios para “Pisar sobre mojado”