Para llevar un coche grande, primero hay que entrenarse con uno pequeño… be water, my little friend…
Para llevar un coche grande, primero hay que entrenarse con uno pequeño… be water, my little friend…
Normalmente, cuando pensamos en lo que nos mola nuestro coche, en lo guay que lo tenemos maqueadito, o en el placer que nos suscita su conducción, nos olvidamos de un pequeño habitáculo que por regla general suele ser “territorio comanche”. Se trata, efectivamente, del maletero.
El tío que inventó el maletero probablemente tuvo un día inspirado. Seguro casi al cien por cien que se trataba de un tío desordenado y desorganizado, como casi todos nosotros… que no tenía sitio para meter sus trastos. Y si decís que no lo sois, por el amor de Dios, echad un vistazo al vuestro y desengañáos: vuestro maletero también estará hecho un desastre.
Está lleno de recovecos, arena de playa, manchas de aceite y grasa, serrín, polvo, botellas vacías, una mantita de viaje, chalecos reflectantes, triángulos de seguridad, alguna que otra llave inglesa, pulpos para sujetar cosas, trapos sucios, restos de comida, hojarasca, una lata de aceite, limpiacristales, algún trozo de plástico roto que no sabes ni de qué era, cinta adhesiva, una pelota hinchable, una almohada de viaje, incluso puede que algún que otro CD… En fin, todas esas cosas, que cuando no sabes qué hacer con ellas sentencias solemnemente “échalo en el maletero”.
No os equivoquéis, es un mito en el 90% de las veces: el maletero no sirve para lo que muchos creen, que es “meter la compra”. La compra termina en el asiento de atrás del coche… Porque de eso de “meter las maletas” os podéis olvidar: el maletero medio es incapaz de soportar más de dos maletas y permitir que cierre el portón, porque ya no cabe ni una aguja.
A veces pienso en el mío y me da repelús… y eso que no lo llevo muy desastrado… Pero debo reconocer que a la hora de limpiar el coche -ese gran momento de comunión hombre-máquina- lo que me da más pereza es meterle mano al maletero.
Pobrecito, lo útil que es, lo que lo maltratamos y lo poco que se queja…
He intentado buscar el post que inspiró a este, que era de Aduaneiros Sem Fronteiras, pero debido a su cierre no he podido enlazarlo.
Las últimas dos semanas he visto escenas escalofriantes en la carretera que une Paterna, Godella, Rocafort y Bétera… pero es que lo de hoy ha sido ya el colmo. Todos los días, me encuentro un gato atropellado y destrozado en la mediana de la carretera. ¡¡Por el amor de Dios!! ¿¿Pero qué es lo que pasa?? Una de dos, o la cantidad de gatos es alarmante, o la gente de estos lares es una desalmada. Mientras una brigada de zoonosis limpiaba esta mañana uno de estos atropellos, me he parado a pensar que nosotros no tenemos siete vidas, pero los gatos tampoco.
Lo peor de todo es que no hay ni una sola huella de frenada delante de los cadáveres. Qué vergüenza.
Pues sí. Porque de azul, Fernando Alonso consiguió dos campeonatos del mundo de Fórmula 1. Ni siquiera tirarse a la hija del jefe ha conseguido que el novato hijo de la Gran Bretaña piloto inglés ganase este. Al final, la apuesta menos segura, la de Raikkonen ha sido la que a más de uno que haya apostado por internet le habrá reportado pingües beneficios…
Pero McLaren Mercedes y un presunto gentleman con muy mala leche, han echado a perder esta temporada, la que viene y por supuesto, han culminado como merecen un año vergonzoso.
A Fernando, definitivamente, le sentaba mejor el azul.
Dixit.